sábado, 9 de mayo de 2015

Episodio 7: Sobre lechones y marranos.


La señorita Carolina, fue mi profesora de Historia del Arte, cuando hice COU. Era una mujer extremadamente inteligente, que dirigía unas excavaciones arqueológicas de una villa romana en un pueblo de la provincia de Guadalajara.
Impenitente fumadora de Bisonte –tabaco rubio, destrozapulmones, sin boquilla, muy popular desde la segunda mitad del siglo pasado-, que encendía uno detrás de otro, con la colilla sin apagar del anterior cigarrillo que aún no había terminado.
Aparte de impartir su asignatura, dábamos paseos por la filosofía, la historia, la política, la ciencia, el sexo...
A pesar de que nada más empezar el curso nos advirtió que su asignatura se aprobaría con tan solo asistir a todas sus clases, había que cumplir con el programa, por lo que debíamos pasar por las evaluaciones trimestrales.
Yo disfrutaba con esos exámenes, no tan solo por lo irrelevante de la prueba, sino por que en ocasiones copiaba directamente del libro.
-Has copiado. -Me dijo en una ocasión.
-No me fastidie. ¿Cómo puede saberlo si estuvo todo el examen leyendo el periódico?
-¡No seas Ignorante! –Contestó- Más sabe el diablo por diablo que por viejo.
-Querrá decir lo contrario –respondí.
-No, en absoluto. La edad solo perfecciona al ser humano en lo que ya es: En su bondad, en su inteligencia, y por supuesto en su estupidez. Un idiota, al envejecer, solo se hace más idiota.  -Escucha– y comenzó a narrar:

Un viejo que vivía cerca de un lago,
Después de mucho tiempo, decidió ir a visitarlo.
Cogió un cesto para aprovechar el paseo y recoger algunas frutas por el camino.
Al aproximarse al lago, escuchó voces animadas.
Vio un grupo de mujeres bañándose, completamente desnudas,
que al advertir su presencia, se fueron hacia la parte más profunda del lago,
manteniendo solamente la cabeza fuera del agua.
Una de las mujeres gritó:
-¡No saldremos mientras usted no se aleje!
Entonces el viejo respondió:
-¡Yo no he venido hasta aquí para verlas nadar o salir desnudas del lago!
Levantando el cesto y diciéndoles:
-Estoy aquí para dar de comer al cocodrilo...

-A este viejo, la astucia no le vino con los años –hizo una pausa, mientas se encendía un cigarrillo- en todo caso, con los años pudo perfeccionar su don. También el necio, con el paso de los años puede ir puliendo su estupidez, o el imprudente hacerse un poco más reflexivo, pero nunca dejarán de ser lo que son.
-Entonces, ¿quiere decir que estamos atados al destino, que no podemos modificarlo?–Pregunté.
-Lo que quiero decir, es que quien nace lechón, muere marrano.
Exhaló una profunda bocanada del rubio sin boquilla, me miró sonriente, y en ese momento sonó el timbre que anunciaba el final de la clase.
No volvimos a hablar sobre el tema en lo que quedó de curso, y acabadas las clases, no volví a saber nada de la Señorita Carolina.
Supe por compañeros de aquel año, que siguió con su actividad lectiva, y continuó por muchos años al frente de la excavación, y que escribió varios libros y múltiples ensayos, y continuó cautivando a generaciones de jóvenes estudiantes, y posiblemente siguió fumado aquel tabaco, con ambiciones americanas fabricado en Tarragona.
Aún hoy día sigo sin tener claro de donde le viene la sabiduría al diablo.
Con estos pensamientos, no trato de polemizar con nadie, ni generar ningún tipo de conflicto ni debate.
Incluso, el paso del tiempo, ha podido influir en mi memoria, adulterando mis recuerdos y confundiendo la realidad de los hechos acaecidos hace tantos años.

 

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